Luz María González Ortega

psicóloga, terapeuta de arte


¿Será posible que un día podamos de verdad conocernos a nosotras mismas?


Cuando era pequeña, sentía que vivía aislada de este mundo. Percibía un muro a mi alrededor que me impedía ver, tocar o sentir esta realidad, y poco a poco la sensación de soledad y abandono, me hicieron mantenerme como una espectadora sin participación.

 

Durante muchos años fui la niña y adolescente ejemplar que obedecía y se mantenía quietecita en dónde la colocaran y no cuestionaba nada. Sin embargo, crecer con esta quietud iba generando un espació cada vez más grande entre el saber quién era y qué quería ser. 

 

Fui creciendo con el principio de ser la hija responsable, compañera, amiga y un día, esposa y madre. Pero cuando llegue a la universidad, alguien me hizo cambiar diciéndome de frente: “Tienes que reaccionar y vivir tu vida, no eres la responsable de los demás”. En ese momento tomó sentido el por qué me encontraba estudiando Psicología.

 

Había llegado a esa carrera porque mi ser interior estaba buscando encontrar el camino para conocerme a mi misma y saber quién era yo. Sin embargo no me atrevía a dar un cambio de 180ª y abandonar el modelo de “responsabilidad”. Pensaba que no tenía permitido anteponer mis propios deseos e intereses, antes que estar al servicio de mis amigos y familiares, o incluso de mis pacientes o mis colegas. 

 

Cuando tuve la oportunidad de trabajar con una comunidad de escasos recursos, ya como terapeuta, me di cuenta que cada persona era totalmente diferente a pesar de vivir en el mismo ambiente y que la técnica que yo había aprendido no era suficiente para todos. Entonces empece a cuestionarme lo que necesitaba aprender para poder tener la capacidad de ayudar a cada persona, de acuerdo a su propia necesidad. 

 

Entendí que tenía que desarrollar mi capacidad innata de tener empatía por los problemas y vicisitudes de las personas. Durante mis siguientes años, ya como esposa y madre, encontré que había cosas más allá de lo aparente y es lo que nos hace únicos e irrepetibles. A través de las nuevas técnicas del humanismo, de técnicas centradas en la persona como el arte-terapia o la danza-terapia, pude aprender a trabajar con el inconsciente y encontrar un camino más efectivo para el reconocimiento de uno mismo y para la transformación de la realidad de la persona. Comencé a practicar en mi misma muchas cosas, tal como la Ley del Espejo y el Curso de Milagros, y pude encontrar las herramientas que tanto había buscado. 

 

Hoy me reconozco como una Mujer con un corazón empático. Puedo acompañar a cada mujer que lo necesite, entendiéndola desde su Ser y no desde el mío, en la búsqueda de sus propias respuestas. Puedo estar a su lado en el momento en que se Vea y Re-conozca. Hoy puedo decirte que no estás sola, que estaré contigo en ese momento especial en el que TE ENCUENTRES y transformes tu realidad. 

 

Si has llegado a esta página, es porque ya estás lista y es el momento para encontrar tus respuestas. 

 

Estaremos contigo.